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El 19 de septiembre de 2017 un sismo sacudió a México. Las dramáticas imágenes de los derrumbes estuvieron acompañadas de la impresionante voluntad de los civiles para brindar ayuda. La solidaridad ha rebasado cualquier protocolo mostrando que lo humano es también una imparable fuerza de la naturaleza. He tenido que dar seguimiento a distancia, desde las redes. Esto me ha hecho pensar en un tema como la educación del futuro, pero de un futuro que nos ha rebasado ya desde hace un buen tiempo. Se trata de un tema secundario en relación a las urgencias y premuras del presente trágico, pero fundamental para que las próximas generaciones tengan de verdad una herramienta más entre sus manos en momentos como este.

¿Por qué pensar en la educación del futuro en un momento así? Porque las redes han dado una muestra poderosa y contundente de su utilidad en situaciones de emergencia. Texto, fotografía y vídeo circularon para informar, para pedir ayuda, para denunciar, para mostrar en tiempo real lo que estaba pasando en cada uno de los rincones del país, y particularmente en la Ciudad de México. Pero pronto en las redes se dio una réplica de lo que pasaba en las calles: la voluntad de ayudar desbordó la también necesaria organización para orientar de buena manera los esfuerzos. Aparecieron entonces noticias falsas, información desactualizada, rumores y más de algún oportunista en busca de fama. Dejando de lado a quien intencionalmente hace un mal uso de estos espacios, se puede plantear la necesidad de integrar algunos temas en los planes de estudio actuales que ayuden en situaciones como esta. Aquí proponemos algunos de ellos.

Educación del futuro para construir las redes

El primer y fundamental elemento que se requiere para hacer un buen uso de las redes sociales es, evidentemente, el de los valores éticos. Sin responsabilidad y respeto, por ejemplo, poco puede esperarse del futuro no solamente en el mundo digital. Pero en este caso no nos ocuparemos de esta importante dimensión para la educación del futuro en general, sino de otros puntos más prácticos y concretos. Esto, considero, bien pueden ser tomado en cuenta para hacer énfasis en asignaturas de informática desde una temprana edad. Tan pronto como se pueda estar en contacto con los dispositivos de los que depende este tipo de comunicación. Algunos de ellos, como veremos, son parte de las competencias elementales de la investigación en cualquier área del conocimiento. Mientras que otros responden específicamente a las necesidades del mundo 2.0.

¿Cómo distinguir una fuente fidedigna?

Empezando por lo más general hablemos del desarrollo de una competencia básica: la capacidad de distinguir entre una fuente de información fidedigna y otra más bien dudosa. Es tiempo ya de hacer de cada usuario un auténtico filtro de la información. - tuitéalo     Algo esencial en casos de emergencia como el que aquí da pie a la reflexión. La tendencia a creer cualquier cosa por el simple hecho de aparecer sobre una pantalla debe ser cosa del pasado. Esta debería de ser una de las grandes aportaciones y diferencias del mundo 2.0 en la generación de información. Las redes suponen una democratización de los medios de comunicación que debemos aprender a usar con responsabilidad. De ahí la importancia de desarrollar la habilidad para contrastar fuentes y el gran aporte para la educación del futuro. Para ello podemos adaptar al caso un modelo clásico como el de los tres filtros de la verdad de Sócrates:

  1. ¿Cuentas con un mínimo de garantías para saber que lo que estás leyendo es cierto?
  2. ¿El mensaje que se envía es positivo y constructivo o simplemente una crítica sin un sentido claro?
  3. ¿La información que se ofrece es útil para todos o expresa un punto de vista particular y sujeta a debate?

Verdad, bondad y utilidad son los tres filtros rápidos por los que podemos pasar cada fuente de información. Puede objetarse que los dos primeros suponen una valoración subjetiva, pero esto no quita el hecho de que nos obliga a hacer un alto al compartir impulsivo de cualquier titular que nos llame la atención. Así, al llegar al tercero de los filtros contamos con más elementos para preguntarnos si resulta útil para el caso el compartir esta información. Esta, por supuesto, no es sino una primera aproximación que requiere de ir más allá. Pero tenemos que iniciar de alguna manera. Preguntar por la verdad, además, nos llevará a realizar ejercicios de contraste y, con la práctica, a reconocer más rápidamente una buena fuente de de una que no lo es.

Entre testigos y reporteros

En esta misma línea podemos pensar el momento de generar información en las redes. No podemos dudar de que lo que estamos presenciando es verdadero, es decir, que los hechos ante los que estamos en ese mismo instante se están dando. Pero sí podemos partir de los siguientes dos filtros: compartir lo que estoy presenciando, ¿resulta positivo y constructivo para los demás? ¿Tiene alguna utilidad para todos? Y es aquí donde podemos dar un paso más al asumir la posición de generadores de información: ¿qué consecuencias puede tener la visibilidad de esta información? Este es un punto crucial en el que las redes sociales pasan de ser un campo de expresión individual a un instrumento al servicio de la colectividad.

Hay un punto en que las RRSS dejan de ser personales para ser un instrumento colectivo. - tuitéalo    

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En el día a día nuestros perfiles son ese peculiar híbrido entre lo personal y lo público. Es mí perfil sí, pero se construye de cara al público y en relación con una audiencia. En esta situación de normalidad podemos estar de acuerdo en que lo que cada uno haga o deje de hacer con sus perfiles es una cuestión muy personal. Las consecuencias, evidentemente, recaen solamente en el usuario. Pero ante la emergencia colectiva estas inocentes herramientas de comunicación adquieren una dimensión completamente diferente. Es aquí donde cada usuario realiza un reporte de lo que está sucediendo de cara a un gran auditorio. El perfil cambia y con ello debe cambiar también la actitud y el uso. Desarrollar la capacidad de informar de manera veraz y oportuna ante una situación de emergencia hoy deja de ser algo exclusivo de los profesionales de la información. Integrar esta competencia en sus líneas básicas es sin duda parte de la educación del futuro.

Las clases de netiqueta en la educación del futuro

Esto nos lleva al tercer y último punto de esta reflexión sobre la educación del futuro. Partimos entonces de la necesidad de desarrollar una capacidad crítica ante la información a través de los tres filtros. Pasamos entonces a la pertinencia de distinguir entre una situación donde mi perfil es realmente personal y otra donde su uso tiene consecuencias reales y directas en lo colectivo. En este segundo caso, entonces, conviene educar en un protocolo de actuación propio de los profesionales de la comunicación. En un último paso nos quedaría profundizar sobre el empleo de ese medio tan propio y efectivo de aglutinar la información en las redes: las etiquetas. Se vuelve un imperativo, por tanto, unas lecciones de netiqueta no solamente para el comportamiento en las redes, sino para el correcto y oportuno empleo de etiquetas en cada caso.

Un buen etiquetado ayuda a distribuir mejor la información. - tuitéalo    

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De nuevo dejaremos de lado las tendencias compulsivas al empleo del hashtag en redes como Instagram. Lo que importa aquí es saber que la etiqueta nos permite segmentar la información de manera que sea más rápido y sencillo dar con ella. Elementos esenciales en situaciones de emergencia. Es por eso que realizar dinámicas y ejercicios para hacer un buen etiquetado sería una excelente inversión del tiempo en las asignaturas de informática. La educación del futuro, por tanto, debe desarrollar estas competencias en el trato con la información. Distinguir entre lo que vale la pena compartir y lo que no, así como etiquetar de manera adecuada ayudará mucho a articular a los civiles que espontáneamente reaccionan ante una emergencia. Esto puede evitar confusiones (muy delicadas cuando hay vidas en riesgo), distribuir mejor los recursos y ayudar a mantener en calma al conjunto social. Elementos nada despreciables en caso como este.

Una situación tan dramática como esta nos pone de frente a un reto de reconstrucción que no es solamente material. Pensar en las competencias necesarias para las futuras generaciones es pensar en una educación del futuro que se haga en las redes y para las redes. Solamente así podremos hacer un verdadero uso productivo de las mismas. Además de contar con una herramienta más cuando las circunstancias demanden lo mejor de cada uno de nosotros. Una buena red puede salvar vidas y está en nuestras manos tejerla con el resistente hilo de la educación.

 

 

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