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La identidad en la era de Internet tiene rostros muy interesantes. No es que no los tuviera antes, sino que simplemente ahora son completamente visibles. Casi nadie escapa a tener un yo digital que proyecta una imagen determinada, pero no única. La distinción es fundamental para entender esta red de redes y para navegar por ella de mejor manera. La visibilidad del carnaval de máscaras de la identidad puede entenderse como una especie de caída, de empobrecimiento, de pérdida de autenticidad para abrazar lo efímero de la fama. Pero hay que detenerse un poco más antes de seguir a ciegas una opinión tan pesimista con respecto al mundo digital.

El tema que aquí te propongo tiene su origen en un reportaje de Luis Muiño en el número 428 de la revista Muy interesante. El título es ya en sí mismo sugerente: “Apúntate al narcicismo 3.0″. Le acompaña una foto de Justin Bieber haciéndose un selfie con algunas de sus fans, por lo que ya podemos imaginar que lo que estamos por leer no es necesariamente un elogio de las herramientas que nos brinda esta era de las redes sociales. Pero tampoco habría que apresurarse a condenar el fanatismo, el ego elevado hasta las nubes o la banalidad de lo que ofrecen quienes hoy ocupan los lugares más visibles e influyentes. Dicho de manera muy aristotélica: busquemos un punto medio entre estos polos opuestos.

El yo digital y la juventud

Los datos que abren el artículo son abrumadores: un par de niñas de 10 y 7 años son vistas por por más de 700,000 personas (714,553 al momento de escribir estas líneas). CharlisCraftyKitchen es el canal de estas simpáticas pequeñitas que se divierten compartiendo su creatividad en la cocina, algo que en principio no parece tener ninguna implicación negativa. Mucho menos si consideramos que esto les genera unos ingresos de aproximadamente 140,000 € mensuales. ¿Qué puede haber de malo entonces? La pregunta tiene que ver más con los efectos de la fama, con la exposición pública de ese nivel a una edad donde las estructuras de comportamiento quizá no están preparadas para asumir la responsabilidad. He aquí que aparecen dos elementos fundamentales: lo público y la responsabilidad.

Internet es un espacio público donde lo primero que se olvida es la responsabilidad. - tuitéalo    

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En la era de las redes el yo digital se configura a partir de la publicidad de nuestra propia imagen. Hacer esto desde una edad temprana implica que el desarrollo de nuestra personalidad no se hace solamente dentro de ese círculo cuidado y restringido de lo privado. Las jóvenes estrellas de internet reciben desde muy pequeñas una retroalimentación pública a lo que hacen. Algo que, evidentemente, no siempre se limita a una crítica de una receta, sino que pueden hacerse señalamientos mejor o pero intencionados a la forma de hablar o al aspecto físico, por ejemplo. Esto, sin duda, es algo inusitado en la historia de la humanidad y es algo a lo que debemos poner atención. Además la red es insaciable y demanda constantemente un contenido que mantenga una buena dosis de creatividad y originalidad. Hay cosas que no cambian con internet y una de ellas es la relación de responsabilidad que tiene una figura pública en relación a su auditorio. ¿Qué puede hacer alguien a esta edad cargando con esto sobre sus hombros?

El yo digital frente al monstruo del auditorio

Habría que matizar un poco. No es nada nuevo que un niño o un joven quede atrapado en el torbellino de la fama (basta con revisar la historia del cine para constatarlo). Lo novedoso está en que hoy cualquiera puede llegar a ser ese niño o ese joven y, además, puede superar por mucho a cualquiera de sus antecesores analógicos. Las democratización de las herramientas demanda una atenta reflexión a las consecuencias de abrir de esta manera las puertas de lo que normalmente se mantenía en el círculo privado. Muiño rescata también el caso de El Rubius que cuenta con nada más y nada menos que 22,712, 069 seguidores en su canal. No por nada ha llegado a ser considerado como uno de los líderes más influyentes del mundo por la misma revista Times. ¿Qué es lo que alguien como Rubén Doblas (El Rubius) puede aportar al mundo de la red?

Lo humano se divierte con su reflejo más espontáneo: punto de arranque del narcisismo 3.0 - tuitéalo    

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La persona termina viviendo para complacer a su auditorio. Estas figuras comienzan mostrando una naturalidad ausente en los grandes medios de comunicación, aquellos que hoy son pensados ya como “tradicionales”. El guión, la elaboración de personajes y otros tanto elementos que se cuidaban en la narrativa de radio y televisión son reemplazados hoy por una primera espontaneidad de alguien que se pone frente a una cámara. Lo humano demanda verse a sí mismo al natural. Este tipo de contenido es precisamente el primer paso en una lógica narcisista que no hace sino aumentar su apetito. Lo interesante es que resulta imposible para la espontaneidad el seguirle este ritmo de vértigo a la redes. Pero quien termina agotándose y exprimiendo hasta la última gota de sus posibilidades es el que ha tenido la suerte de ser descubierto en la red.

La verdad irrefutable del yo digital

Adam Curtis, otra de las fuentes de Muiño, muestra en su documental Hypernormalisation un punto que me parece de suma relevancia: en la red siempre podemos encontrar la respuesta que buscamos. La frase es sumamente engañosa. Habría que poner atención al siempre que debería hacernos sospechar desde el inicio así como a la intención implícita en la búsqueda. Encontrar siempre lo que se busca implica refrendar o corroborar una idea que ya llevamos con nosotros previamente. No contrastamos opiniones ni nos quedamos conformes si los primeros resultados de búsqueda nos contradicen. La búsqueda no termina sino hasta que damos con ese foro donde hay alguien que, pensando como nosotros, da la misma respuesta que ya teníamos antes de iniciar la búsqueda.

En la red buscamos refrendar nuestra opinión más que una ampliación de nuestro criterio. - tuitéalo    

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Este tipo de “verdad” nos lleva de nuevo a un elemento del narcisismo: no vemos nada que no se nos parezca o, mejor, que sea igual a nosotros desde el inicio. De aquí el título del documental de Curtis, pues lo que termina sucediendo no es una diversificación sino un proceso de imitación que normaliza o estandariza actitudes y comportamientos. Lo que habría que decir es que es verdad que el yo digital refuerza tendencias negativas en lo humano, pero también nos brinda una potente herramienta para superarlas. De hecho el mismo Muiño abordará los aspectos de la personalidad que pueden verse beneficiados de esta alimentación masiva del ego. Pero de esto tendremos que ocuparnos en otro momento.

Lo que habría que dejar en claro es que el yo digital es un reflejo no una persona en particular, sino de las grandes tendencias de lo humano disfrutando de su propio espectáculo. Dicho de otra manera, el yo personal tiene un límite que cuando es superado comienza a parecerse mucho a la proyección masificada de lo que se espera de un “yo” en nuestros días. Dicho en pocas palabras, el yo digital no necesariamente responde a nuestra propia identidad, sino que es algo que refleja la imagen que lo humano tiene de sí mismo. Lo cierto es que las referencias con las que se va dando forma a ese gran yo digital podrían ser más selectivas. Pero si los nuevos referentes están en niños y jóvenes que no superaran los 20 años, ¿qué edad y comportamiento podemos esperar que tenga el gran yo digital que hace de modelo?

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