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Hace unos días tuve una muy interesante conversación con una buena amiga que tenía un gran dilema en relación a sus perfiles sociales: en su trabajo le piden tener una cuenta personal de Instagram, pero a ella no le gusta compartir lo que hace, se compra o lo que come en esta red social. Está claro que no todas las redes sociales son para todos. Además cada uno está en todo su derecho de decidir qué es lo que quiere compartir con el mundo y lo que prefiere mantener dentro de su círculo de intimidad. Pero cuando se trata de una petición de tu lugar de trabajo para estar en la línea de la estrategia digital de la empresa la cosa puede ponerse un poco más complicada.

Darle un rostro humano a las empresas es una tarea fundamental y que los clientes siempre agradecerán, pero hay que saber que el proceso debe empezar por dar un trato humano a quienes forman parte de la empresa. Transmitir un mensaje en las redes sociales no es muy diferente de como lo hacemos en el día a día. - tuitéalo     Es por eso que la coherencia es fundamental para que lo que proyectas sea creíble y conecte de verdad con tu auditorio. Es por eso que si bien pedir que tus empleados tengan perfiles sociales es un elemento importante para quienes quieren desarrollar confianza con sus clientes, antes debes tomarte la molestia de hablar con ellos y encontrar una estrategia que les haga sentir cómodos con lo que comparten.

Perfiles sociales de un profesional

Queda claro que lo que compartimos en nuestros perfiles sociales refleja nuestro estilo de vida. De ahí que forzar a tenerlos un grupo de personas que tienen un trabajo de cara al público pueda ser un arma de doble filo. Como siempre, es muy importante tener completa claridad con respecto a tres elementos cuando se quiere implementar una acción en redes sociales:

  1. ¿Mi público objetivo está en todas las redes o hay alguna que me interesa en particular?
  2. ¿Qué quiero transmitir?
  3. ¿Responde esto a mi código de valores?

Si no tienes un código de valores generado y consensuado entonces deberías comenzar por ahí antes de querer que quienes trabajan contigo tengan perfiles sociales como herramienta de comunicación con tus clientes. En el caso de mi amiga estoy completamente seguro de que su código de valores personal está muy bien consolidado. El hecho mismo de que se plantee el dilema de qué compartir y marque límites a lo que le gusta mostrar y lo que no ya habla por sí mismo. Pero, ¿podríamos confiar en que todo mundo tiene un comportamiento profesional en las redes? El trabajo, por tanto, comienza no en solicitar perfiles sociales, sino en garantizar que los puntos de partida respetan un comportamiento profesional y que todos entienden lo mismo cuando se habla de ello.

¿Qué puedo compartir?

Esta pregunta debería ser puesta sobre la mesa para ser debatida de manera abierta. Si el equipo discute desde un inicio lo que se quiere transmitir, los valores que hay que respetar y concretan en conjunto lo que resulta congruente compartir sin duda estarás más cerca del éxito de la estrategia. Si lo que quieres es generar comunidad con tu auditorio debes iniciar por tener una auténtica comunidad en tu oficina. Además muy pronto se descubre que esto no solamente favorece al buen ambiente entre los participantes, sino que también puede fomentar mucho la creatividad. Poner reglas a los contenidos es poner un suelo fértil para que todos puedan explorar su manera personal de expresar una idea que comparten. Esta misma frase es reveladora: lo que compartes dentro de tu empresa hará mucho más eco en tus perfiles sociales.

El compartir inicia desde dentro para que haga auténtico eco hacia fuera. - tuitéalo    

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Así que la primera y gran recomendación que puede hacerse a la hora de hablar de lo que se puede compartir es que los contenidos sean congruentes con la voz de la empresa. Marketing y recursos humanos deben trabajar de la mano en este sentido. Quien debe creer y comprar primero los mensajes son las personas que los viven día a día, los que les van a dar rostro y voz. También hay que saber que no todas las redes sociales son para todos, así que poner a disposición del personal una capacitación que les permita conocer mejor las herramientas que nos brinda cada red social será también imprescindible. Así quien no esté acostumbrado, o no se sienta tan cómodo con alguna de las redes, podrá realmente poner su contenido al servicio de la estrategia general. No hay que asumir que todos conocen a fondo lo que pasa en el mundo 2.0.

Algunos consejos prácticos

Si tú estás en el caso de mi amiga y no tienes más que la petición directa de contar con perfiles sociales por parte de tu empleador entonces hablemos de algunos consejos prácticos. Lo primero que te recomiendo es que dediques un poco de tiempo a explorar la red social en cuestión. No abras tu perfil sin antes haber paseado un poco por los contenidos que ofrece. Familiarízate con los nombres de usuarios y las imágenes de perfil para que puedas saber cómo suelen aparecer las personas que se presentan ahí como profesionales. ¿Usan su nombre o un apodo? ¿Con qué se relacionan los apodos si los usan? ¿Qué tipo de imagen usan en su perfil? Después mira con atención los contenidos que comparten y la periodicidad con la que lo hacen. Esto te ayudará a empezar de mejor manera.

Tener un perfil social no es igual a romper el cerco de lo privado. - tuitéalo    

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Ya que tienes una idea te recomiendo que te hagas un pequeño calendario de publicaciones. No tiene que ser nada demasiado elaborado, simplemente date el tiempo de pensar qué publicar durante la semana y ponerlo en una lista de ideas con una fecha tentativa. Esto te ayudará a reducir el estrés que genera el no saber qué decir en los perfiles sociales. Además sigue a marcas y personas referentes de tu sector, así podrás tener siempre una fuente de ideas. Finalmente, mi recomendación es que preguntes en blogs y foros. Si estás aquí no dudes en dejar tu pregunta para que alguien pueda orientarte de manera más específica. Pero para dejarte más tranquilo te diré lo que le he dicho a mi amiga: tener un perfil social no es sinónimo de compartir cosas personales. Una imagen de la parada de metro con una reflexión sobre la importancia de llegar a tiempo puede ser mucho mejor que un plato de ensalada en un restaurante de lujo. Así que no tengas miedo y explora tu creatividad después de haber reconocido el terreno.

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