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Durante las semanas pasadas estuvimos desarrollando aquí lo que se me ha ocurrido denominar la fórmula ECC. Una guía para orientarte al momento de establecer tu estrategia de social media que se centra en tres acciones fundamentales: enganchar, convencer y convertir. De manera paralela ha surgido en los diálogos con mi estimado amigo #Jerby, un ratón de larga cola, la frase que es ya casi un grito de guerra para este blog: Si el contenido es el rey, la conversación es la reina. Ahora mismo le daré un ajuste más para decir que desde las comunidades de Google+ nos ponemos a la orden de estas majestades y nos proponemos a partir cual caballeros hacia la cruzada que busca acabar con el hambre digital.

Todo esto viene a cuento (y vaya que suena a cuento) porque dentro de los artículos de la fórmula ECC hay algunos elementos que aparecían constantemente pero que quedaban un poco en el aire. Uno de ellos es el de la importancia de generar objetivos claros antes de emprender cualquier acción. Una frase que es todo un tópico a la hora de señalar la importancia de saber a dónde se quiere llegar antes de emprender un viaje. A no ser que tu objetivo sea vivir una apasionante aventura sin mayor finalidad que la aventura misma. Así que aquí te comparto mi explicación de una de las metodologías más famosas para la redacción de objetivos pero sin olvidarme del rey y la reina a quienes sirve este humilde bloguero. Así que agregaré a los objetivos SMART la relación que te recomiendo que tengan con el contenido HUMO.

¿Qué son los objetivos SMART?

Metas y objetivos

Comencemos por definir claramente qué es un objetivo. Para eso –y aquí entenderás el tono bélico que le doy al relato– hay que saber que el sentido que buscamos de la palabra pertenece al vocabulario militar, es decir, un objetivo entendido como un punto que se quiere alcanzar o el blanco al que hay que apuntar, es una noción que pertenece a la estrategia militar (puedes ver el diccionario si no me crees). Así que en una primera aproximación el objetivo es el punto o blanco al que vamos a dirigir nuestras fuerzas estratégicas para atacarlo o alcanzarlo. Pero ojo que no te debes confundir con una meta, porque precisamente por eso es importante situarnos en el campo semántico adecuado.

Una meta es un punto definido, la estación de llegada o, dicho en términos de planificación o diseño de proyectos, es la solución que estableces para un problema. Dicho de manera sencilla: es lo primero que se te viene a la cabeza con la pregunta por el qué del proyecto. Aumentar mis ventas, conseguir más clientes, aumentar mis seguidores, que la chica que se está comiendo un helado mientras yo escribo este post me acepte un café… El asunto con las metas es que todavía son muy generales y, por tanto, poco específicas. El objetivo, en cambio, incluyen la meta, la tienen literalmente en la mira, pero precisamente por eso incluyen ya el arma con la que apuntan y la técnica para no fallar en el disparo. Es decir, el objetivo integra el qué y el cómo para mostrar el lugar hacia donde nos dirigimos al mismo tiempo que se ve el camino por recorrer.

El objetivo integra el qué y el cómo dentro de una formulación breve, clara y específica. - tuitéalo    

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Objetivos SMART

Aquí es donde llega la metodología de los objetivos SMART que no es sino un acrónimo para las palabras inglesas: specific, measurable, achievable, realistic y time-bound. ¿Qué quiere decir eso? Nada más que una serie de calificativos que te servirán para darle una mejor forma a tu objetivo. Vamos a traducirlos al mismo tiempo que damos una breve explicación de los mismos:

Específico

Imagina que me acerco a la chica del helado y le pregunto: ¿te apetece un café? Ella puede responder que sí, esperar a que se lo dé y levantarse de su sitio para tomarlo con el chico que estaba sentado justo detrás de mí. Con esto habría cumplido mi meta: la chica me aceptó un café, pero evidentemente me equivoqué en la definición de objetivos porque no fui lo suficientemente específico. Cuando redactes un objetivo piensa en el como si formularas un deseo a un genio bastante mala leche que aprovechará cualquier ambigüedad para ponerte en una situación incomoda. Además recuerda redactarlos iniciando con un verbo en infinitivo que es donde se refleja la meta.

Medible

Especificar tus objetivos te permitirá definir los elementos que te indiquen si estás bien encaminado o algo no anda del todo bien. Aquí se suele pensar en parámetros cuantitativos del tipo: quiero aumentar un 10% mis seguidores en Twitter. El porcentaje te permitirá saber si el objetivo se ha cumplido del todo o no. Simplemente procura que el parámetro concuerde con lo que quieres conseguir, es decir, no pretendas medir el aumento de seguidores con el número de tuits que te mencionan, por poner un ejemplo muy claro.

SMART es una acrónimo para ayudarte a redactar mejores objetivos. - tuitéalo    

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Realizables

Soñar es gratis y es muy recomendable, pero a la hora de generar objetivos es mejor mantener los pies en la tierra (sin dejar de apuntar hacia cielo) y hablar de cosas que estén al alcance con los medios con los que cuentas. Esto implica, evidentemente, que tienes que conocer muy bien los recursos tanto materiales como humanos para poder delinear el alcance mínimo real de tus acciones. Aunque, aquí entre nosotros, poner una meta un poco más baja sabiendo que el alcance será mayor puede ser un mentira inocente que te sirva para motivar a tu equipo y conseguir resultados todavía más sorprendentes. Pero no se lo digas a nadie.

Realistas

Este punto se relaciona mucho con el anterior. La diferencia está en que aquí se te previene contra los objetivos del tipo: alcanzar la paz en el mundo. Es un bonito deseo, pero sus dimensiones y complejidad están más allá de las capacidades de un solo individuo. Así que cuida muy bien el que estés hablando de algo que está en el horizonte de posibilidad pero, de nuevo, mantén esos sueños a la mano porque te servirán de faro y brújula cuando este terreno tan concreto entre en alguna zona de penumbra.

Limitado en el tiempo

El elemento que falta, evidentemente, es el de los plazos. Otra posibilidad de fracaso por un mal planteamiento del objetivo relacionado con la chica del café es que ella acepte pero agregue: con mucho gusto, pero será otro día. De nuevo, aceptó mi propuesta para la lanzó hacia un horizonte temporal indeterminado. Así que cuidado con establecer bien los límites para el cumplimiento del objetivo siempre teniendo en cuenta los dos elementos anteriores: realizables y realistas.

Sigue la metodología SMART, pero guarda los sueños para los momentos difíciles del camino. - tuitéalo    

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¿Qué pasa con el HUMO?

Si quieres que se diga: esta/e marca-producto-servicio está que arde, es mejor que empieces a echar HUMO. ¿Qué significa esto? Nada más que uno de esos locos añadidos que se me ocurren para que no pierdas de vista que los objetivos deben estar siempre alineados con las características de un buen contenido y una excelente conversación. Para eso te propongo un nuevo acrónimo que te acompañe a la hora de la planificación y redacción de objetivos.

Humano

Si tus objetivos producen que los contenidos se distancien de lo humano cambia los objetivos. No sacrifiques el rostro, el valor y la cercanía de tu marca por cumplir un objetivo por más SMART que sea. El contenido que diriges a tus usuarios y la conversación que tienes con ellos deben ser tal y como lo harías en el día a día, con las personas con las que convives y comparte tu tiempo. El contenido humano es un contenido para peatones. Sí, así de sencillo. Te dejo este texto de Jaime Sabines para ilustrarte la idea:

El peatón

Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta. 

Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!

Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.

¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón. Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.

Único

La segunda letra del acrónimo para el contenido es esta: único. Que las presiones por cumplir objetivos no te hagan caer en prácticas equivocadas. No copies, porque eso te quita autenticidad y da la sensación de que quieres engañar a tu público de peatones. Esto no significa que tienes que generar todo de la nada y lo verás con la última letra del acrónimo. Pero sí es una invitación a que cuides el contenido duplicado que, en términos de SEO, es sumamente penalizado y en términos de seoducción es como tener un Cyrano y que el objeto de tu conquista descubra que las palabras que la enamoran no vienen de tu boca. Mala jugada para el robot y mala también para el peatón al que te dirigías. Busca entonces que tu contenido no sea una mera repetición de otros.

Redactando contenidos SMART para generar HUMO. - tuitéalo    

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Memorable

Si sigues estas dos indicaciones estarás cerca de conseguir que quien te lee se quede con algo de ti en la memoria. Recordarán tu contenido y eso en sí mismo ya es una de las más grandes victorias que puedes conseguir. El título de este artículo podría ser un ejemplo, al menos eso espero. La metodología de los objetivos SMART es fácil de recordar, pero desde ahora me gustaría que tuvieras en la memoria su complemento ideal: redacto contenidos SMART para generar HUMO. Mensajes maleables como el humo, pero de una esencia que perdura en el recuerdo. Para esto ayuda también la última de las características del contenido marcado por este acrónimo.

Original

Si ya te he recomendado que generes contenido único sin dejarte presionar por lo plazos de tus objetivos, ahora acotamos diciendo que debe ser original. La característica de lo único tiene que ver, por tanto, con el hecho de si se repite o no. Para que esto no suceda es necesaria una dosis de originalidad, es decir, no necesariamente tienes que crear desde cero las cosas sino que puedes tomar algo ya hecho y darle un giro particular que le distinga y, al mismo tiempo, que deje tu marca en el contenido. Esto tiene que ver con el desarrollo de un estilo y una identidad que conecta con la primera característica, es decir, que vuelve a tu marca humana y cercana. Para ejemplificar este punto te dejo la siguiente imagen del artista francés Marcel Duchamp que se titula L.H.O.O.Q. No es sino una postal de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci modificada con un bigote que ha puesto Duchamp en ella. Pero con ello ha sido suficiente para enviar un mensaje revolucionario. No entraré aquí en detalles por que ya tengo que despedirme en un artículo que, de nuevo, se me sale de las manos. Bastará con que nos quedemos tú y yo con lo siguiente: La Mona Lisa es única, la obra de Duchamp es original. Puedes partir de una cosa ya hecha, pero busca darle un toque propio que la haga original.

La mítica obra de Marcel Duchamp

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