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No, no es un error ortográfico en el título. Cuando hablamos de mundo glocal estamos haciendo referencia a este tiempo donde nos movemos entre una tendencia a lo global y otra que busca la defensa de lo local. Esto es lo que se conoce como glocalización y cuyo lema suele resumirse de la siguiente manera: “piensa globalmente y actúa localmente”. Hablamos de un espacio de tensión entre tendencias que no por eso debe ser pensado como uno en conflicto, sino que en este campo se generan intercambios por demás interesantes. En otras palabras, nos encontramos con un constante intercambio dada la tendencia económica a lo global y la defensa cultural de lo local.

Este discurso tiene ya unos años circulando en el ambiente académico. Se pueden encontrar referencias a la glocalización desde los años 80, así que vale la pena considerar un añadido a la perspectiva que pone en juego las dimensiones de lo global y lo local: el fenómeno social y tecnológico de las redes sociales. Claro que uno bien puede preguntarse si la versión virtual de las redes no son precisamente un producto del impulso económico hacia lo global, y quizá la respuesta sea positiva. No obstante, el modo en que se ha dado la ocupación y, sobre todo, el uso de estos espacios representa un interesante ejemplo de cómo lo local responde generando un mundo glocal. Vamos a repasar brevemente este doble movimiento en su relación con las redes sociales.

El impulso global en un mundo glocal

La apertura de los mercados y su voracidad para generarse nuevos espacios de intercambio, en efecto, son un elemento sumamente importante para la consolidación de medios de contacto a lo largo del globo. La intención era la de acortar distancias y difuminar fronteras (que más bien deberíamos llamar aquí barreras) para generar una gran comunidad mundial. El sueño de los grandes conquistadores de la historia traducido en términos económicos y al alcance de la mano. Lo peculiar es que cuando el ámbito local no brinda la demanda suficiente como para satisfacer el hambre del mercado, entonces éste ha buscado dar saltos ahí donde escucha la música de la necesidad. Esto dejando de lado la creación de necesidades llevando lo local a cada rincón del planeta. Es así como nos podemos hacer aficionados, por ejemplo, a un tipo de cocina originaria del otro lado del orbe, o al menos a la versión que nos llega.

Lo económico es fundamental para el desarrollo de la tecnología de las redes sociales. - tuitéalo    

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Pero lo que es válido para acortar distancias en el mundo también lo es al interior de las comunidades. Comunicación e intercambio constante, conexión entre personas con los mismos intereses que intensifican el sentido de pertenencia y, por tanto, favorecen lo local. Si este ha sido un efecto calculado, y hasta dónde es de esta manera, es algo que no podemos saber con exactitud. Lo único cierto es que las plataformas para las redes sociales se convirtieron en ese espacio de intercambio del mundo glocal donde las fronteras realmente se diluyeron sin que ello significara la pérdida de un sentido de lo singular de sus rincones. Una auténtica amplificación de ambas tendencias que muestra, además, la riqueza de sus puntos de intercambio. Algo que, visto desde el mismo punto de vista económico, también ha resultado benéfico dado que esto permite conocer las costumbres de cada lugar y generar productos globales que se adaptan a lo local generado incluso comunidades particulares en cada sitio. La glocalización supone la posibilidad de apropiación de lo externo desde las costumbres internas. - tuitéalo    

La reacción local como ancla de la singularidad

En esto debemos ir con cierto cuidado. No hay que confundir la americanización con con la glocalización. En lo primero tenemos las grandes cadenas alimentarias americanas como ejemplo: ahí donde vemos una gran ‘M’ amarilla sabemos lo que podemos encontrar porque se trata de un producto que se repite de la misma manera en cada lugar donde se establece. Esto es lo que puede ser visto como una invasión, como la imposición de un estilo de vida ajeno a lo local. Es así como se puede comprender la reacción que busca la defensa de lo propio y singular ante la llegada de algo extranjero que, como bien sabemos, no siempre se preocupa de verdad por los desequilibrios de competencia con los negocios locales. La conservación de los elementos culturales es algo que difícilmente puede operarse desde una entidad global, por lo que los esfuerzos se dirigen hacia el encuentro de las dos dimensiones.

Las redes sociales conectan a los individuos favoreciendo la formación de comunidades en lo local. - tuitéalo    

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La glocalización, por su parte, implica este acercamiento a lo local para adaptar la oferta a cada lugar. En otras palabras, hay en ello un reconocimiento de la singularidad que lleva a la convivencia de las dos tendencias. Pero, como ya vimos, una consecuencia de este mundo glocal es precisamente que lo singular se ve reforzado gracias a que los medios de comunicación favorecen un intercambio constante a escala local. La identidad se ve potenciada por encontrar las voces comunes que conforman un coro interconectado. La comunicación a nivel de barrio a través de las redes sociales, por ejemplo, puede verse reflejada en la cohesión social en el mismo. Compartir tareas como la vigilancia o generar una red de intercambio de servicios a nivel local, son sólo algunas ideas de lo que puede conseguirse en este nivel gracias a una tendencia global. Esto sin dejar de lado que los ojos del mundo están puestos sobre este tipo de fenómenos ocasionando réplicas en otros rincones del planeta. Los movimientos sociales están sutilmente interconectados en este mundo glocal. - tuitéalo    

El espacio intermedio de la glocalización

Tenemos, entonces, el espacio intermedio donde el diálogo acontece. Las redes sociales habitan justamente esta esfera de lo glocal donde la singularidad cultural dialoga sin fronteras. Esta es una dimensión que no se puede perder de vista. Al hacer uso de las redes sociales todos contribuimos a construir este mundo glocal que no es sino un intercambio de información que va dando forma a un rostro particular de lo humano. Uno que reconoce los elementos generales sin por ello perder la manera singular en la que se manifiestan en cada espacio y en cada rincón. Entramos en contacto con historias personales y colectivas con las que conectamos emocional e intelectualmente. El mundo ha ganado unos ojos distintos para la injusticia y las malas prácticas. Elementos estos que ya no se padecen solamente en lo local, sino que encuentran un eco en lo global activando formas de cooperación que antes se conseguían con dificultad.

La zona de tensión entre lo local y lo global es también una que permite la apertura a lo diverso.  - tuitéalo    

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Más allá de lo económico, este espacio de intercambio donde convive la diversidad puede enseñarnos mucho de la tolerancia y el respeto. Es ahí donde se aprende a escuchar las diferencias, en el contexto de un diálogo donde lo local tiene la oportunidad de mostrarse ante lo global. Esto, en otras palabras, es la configuración de un mundo que se vuelve consciente de la imposibilidad de lo unívoco y aprende a abrirse a la diversidad. Las redes sociales nos permiten percatarnos de la base común del mundo glocal al mismo tiempo que se potencia la expresión de la singularidad. Los resultados saltan a la vista generando una dinámica de intercambio que muestra las enormes posibilidades de variación de un mismo tema. Interpretación y reinterpretación que se lanza al espacio de lo global al mismo tiempo que destaca lo local por su singularidad. En las redes sociales podemos aprender a valorar el propio contexto metiéndolo en comparación con otros tantos. La lección, entonces, es doble: se conoce mejor lo local y se realiza una operación de respeto y apertura ante lo diverso que convive en lo global.

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