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Poco a poco se va viendo más claro el panorama. La conclusión a la que voy llegando (porque la verdad es un tránsito) se impone como una obviedad de esas que acostumbramos a pasar por alto con bastante frecuencia. La idea es sencilla: estos seres bípedos que somos buscamos la técnica hasta por debajo de las piedras mientras vamos con lo social en las medias. El ancla, el punto de apoyo y fuente de nuestra seguridad está en este hecho de conocer la técnica más adecuada para hacer algo y no en abrirse a la experiencia, esa donde hay muchos otros con los que aprendemos.

Bien podríamos decir que la enseñanza es la memoria del aprendizaje. - tuitéalo     Enseñar es reconstruir el camino que hemos recorrido para llegar a uno de los puertos del saber. Pero bien sabemos que por más solitario que sea el viaje siempre estarán los otros como hitos fundamentales de un recorrido personal. El problema es que estos encuentros no responden a estadísticas, no tienen una fórmula para producirse más allá del simple hecho de emprender el viaje. No obstante en el ámbito del social media nos empeñamos en dar con esa combinación fantástica que haga de nuestra presencia un imán para los otros a los que ahora llamamos seguidores.

Lo social cuenta contigo, no cuenta palabras

La máquina, ésta en la que escribo y aquella en la que lees, enmascaran una relación. Parecemos distantes, pertenecemos a dos tiempos diferentes. Si desvío la mirada, y tú haces lo propio, no veremos lo mismo. No compartimos paisaje, pero con un poco de suerte compartiremos las pulsaciones por minuto, una ligera sonrisa al terminar de leer esta frase y una pausa mental para pensar en lo que nos une y nos separa a nosotros, estos que leemos y escribimos en la red. ¿No es esto cierto grado de intimidad? ¿No puede esconderse aquí una cierta complicidad de esas con las que tanto disfrutamos en otras etapas de la vida?

Cuenta con las personas y deja de contar tanto las palabras. - tuitéalo    

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Apuesto lo que sea a que nadie contó las palabras del último párrafo. ¿Son más o menos de las recomendadas? ¿Si se queda corto o se excede pierde su sentido? Esto no significa que no haya puesto atención en la extensión y la estructura. Usando la metáfora culinaria de Daniel Cassany diríamos que todo buen platillo supone una buena elección de los ingredientes, cosa que aplica también en la escritura. De ahí que las palabras y la forma de presentarlas pasan por un proceso cuidadoso y muy cariñoso, pero evitando en todo momento la ansiedad que genera la necesidad de alcanzar un número determinado. Ortografía y sintaxis son importantes para que el otro reciba de buena manera el mensaje, pero siempre recordando que el ámbito de lo social cuenta contigo y no cuenta palabras.

Objetos y objetivos

El objetivo fundamental de la interacción en los espacios sociales es entrar en contacto con otros para intercambiar acciones: nuestro acto de escritura, diseño o producción se ve recompensado con una respuesta (en forma de texto o de like), un comentario o hasta una compra. Pero toda interacción se despliega en el cerco de lo social. Ahí hay siempre un importante margen de espontaneidad que no responde a técnicas de mercado. Voy a decirlo de una manera muy directa: si entendemos bien las “leyes” sociales debemos saber que las seguimos cuando no sabemos que las estamos siguiendo. En otras palabras, no habría posibilidad de encontrar constantes en el comportamiento social si a éste no le dejáramos primero un espacio para su libre actuación.

Toda interacción se despliega en el cerco de lo social. - tuitéalo    

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El problema, como siempre, es que al objeto de estudio comenzamos a trazarle objetivos. Después de observar los comportamientos, identificar disparadores y buscar replicarlos, nos empeñamos en ganar en eficiencia. Vamos dando pasos entonces hacia el desarrollo de una técnica y saturamos la red de preguntas: ¿Cómo hacer que un usuario responda? ¿Cómo aumentar mi tasa de conversión? ¿Cómo generar más y más y más? Sin duda que hay en la red muchos consejos valiosos al respecto, pero déjame darte uno muy simple: deja espacio siempre para la espontaneidad. Sólo así podrás evitar cometer el error de convertir a lo social en mero objeto y a las personas en objetivos.

De paseo por lo social

No habría que confundir entonces la improvisación con la espontaneidad. No se trata de menospreciar a quienes se dedican profesionalmente a estas tareas, sino de denunciar un exceso en las técnicas que nos haga olvidar lo más básico de lo humano. La técnica emana de lo social y a la inversa. - tuitéalo     Sin duda que no son las herramientas del social media las que constituyen y hacen posible este espacio, de ahí que ante el estancamiento en los resultados y la saturación de contenidos siempre queda una medida muy sencilla: irse de paseo por lo social para no ser ni observador ni observado sino un participante más de sus dinámicas.

Hay que dar un paseo por lo social para recuperar el asombro. - tuitéalo    

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Incluso si queremos pensar en el campo de lo social como un organismo más de la naturaleza habría que considerar que éste no escaparía a la capacidad de adaptación. Cualquier técnica puede generar una resistencia en el organismo social cuando se le aplica una y otra vez. De ahí la importancia de la espontaneidad, esa del paseo libre y despreocupado, que busca internarse en el campo del que se pretender ser un gran conocedor para encontrar de nuevo la capacidad de asombro. Respirar es olvidarse por un momento de métricas y parámetros para redescubrir en el rostro del otro nuevas formas de respuesta. ¿Te apetece un paseo? De cualquier manera ya llevamos lo social hasta en las medias.

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