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Cuando pensamos en la era digital solemos centrarnos en sus manifestaciones en los medios de comunicación. En realidad su alcance está mucho más allá de lo que podemos imaginar en un principio. De ahí que desde hace un par de años, en Alemania de manera más concreta, haya surgido con fuerza el término de la industria 4.0. Pero esto no significa que la comunicación quede al margen, sino que lo interesante es constatar cómo ésta deviene un imperativo que modifica de raíz los paradigmas. La comunicación, además, va de la mano del conocimiento, por lo que este binomio no puede ser excluido de esta nueva revolución industrial a la que asistimos.

Comunicación y conocimiento son los pilares del desarrollo en la nueva era industrial. No en vano se habla de una “cultura maker”, es decir, de los tiempos del tutorial donde siempre queremos aprender a hacer por nosotros mismos las cosas. Tener el conocimiento de algo te abre la oportunidad de transmitirlo para que se propague por la red. Un modelo que además ha encontrado la manera de monetizarse haciendo del conocimiento de cualquier ser humano una forma de ingreso. El conocimiento, ahora lo vemos con mucha claridad, es uno de los activos más importantes. La combinación de los nuevos medios de comunicación y el saber hacer van marcando la pauta para esta industria 4.0 que ahora asoma la cabeza. Aunque bien vale la pena prestar atención a las variantes que tienen estos componentes precisamente en el contexto industrial.

Industria 4.0: la fábrica de las cosas

El conocimiento en el caso de un contexto industrial se compone de una serie de datos que se van generando a la largo de la cadena de producción. Todos los pasos necesarios para contar con un resultado o producto constituyen estaciones llenas de detalles y variables que deben cumplirse bajo ciertos estándares. Este mismo teclado en el que ahora escribo es una fuente inagotable de datos: ¿cuánto han de medir cada una de las teclas?, ¿qué forma deben tener?, ¿cuál es su resistencia ideal ante variables del ambiente? Esto y mucho más pasa por procesos de calidad que generan el gran cúmulo de datos para fabricantes y ensambladores. Aquí asumimos una relación entre la máquina y el hombre donde ésta arroja los datos para que aquel los analice y tome decisiones a partir de ellos.

La fábricas inteligentes son minas de datos a la espera de un especialista. - tuitéalo    

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Como puede verse, la fábrica inteligente propia de la industria 4.0 es aquella que se integra de lleno al internet de las cosas. Cada una de las máquinas de precisión va dando datos de lo que acontece en el proceso de producción. Lo que se necesita es una gran capacidad de gestión de los mismos para poder extraer de ellos el máximo provecho. Aquí topamos con otra de las expresiones clave en este campo: la minería de datos. El sector industrial minero presta su nombre para darnos una metáfora visual sumamente clara. Hay que picar mucha piedra para encontrar el mineral deseado y el más valioso. - tuitéalo     Este es un saber hacer que cobrará máxima relevancia en el futuro inmediato. Las fábricas inteligentes son, entonces, una fuente muy importante de conocimiento. Pero, como dijimos antes, hablamos de una multiplicidad de estaciones en la cadena productiva que arrojan datos constantemente. Es aquí donde la comunicación aparece.

La nube de los datos

Pasamos de las minas a las nubes. Los elementos no son gratuitos: la tierra es el lugar del trabajo, el punto donde hemos de ensuciarnos las manos, mientras que la comunicación es más aérea, es una actividad intangible pero de relevancia mayúscula. Seamos sinceros, la importancia del conocimiento ha estado ahí desde siempre. Lo que marca realmente la diferencia en nuestros días es la posibilidad de comunicarlo a cualquier rincón del planeta en un tiempo de vértigo. Esto es precisamente lo que ha generado la denominada nube. El Cloud Computing permite una interacción en tiempo real entre datos producidos en dos sitios completamente diferentes y distantes dando como resultado espacios ciber-físicos. La fábrica inteligente, de hecho, es precisamente uno de estos espacios donde las máquinas se encuentran interconectadas a través de la nube. Maquinas que, de hecho, no necesariamente conviven en el mismo espacio, ni en la misma área geográfica, pero que seguramente trabajan en equipo para la fabricación de un determinado producto.

La nube es el espacio aéreo de comunicación de la industria 4.0 - tuitéalo    

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La coordinación, como bien podrá suponerse, requiere de un constante análisis de datos y variables que permita cumplir con las normas de calidad de un producto. La nube de los datos es crucial para la industria 4.0 precisamente porque brinda la posibilidad de organizar todos los elementos necesarios para llevar a buen puerto la producción. La nube es el espacio de encuentro donde, además, se encuentra esa mina de datos de donde puede extraerse en conocimiento para refinar los procesos.  No obstante, para realizar el análisis se requiere de un software capaz de capturar los datos emanados de las máquinas, analizarlos y ponerlos en la nube para comenzar a sacar provecho de los mismos. En España, de hecho, se tiene una alternativa pionera en este ámbito: Kapture. Un muy buen ejemplo que nos permite ver en directo lo que implica transitar hacia una fábrica inteligente.

Finalmente, habría que ponerse a pensar en los valores que aporta la integración de esta tecnología en la industria. La rapidez, la flexibilidad y la transparencia serían algunos de ellos. Pensemos, por ejemplo, en la trazabilidad. En cuestión de segundos podríamos saber de inicio a fin el recorrido de un determinado producto para saber exactamente dónde se ha fallado o dónde se podría mejorar para dar un mejor resultado. La posibilidad de responder a nuevas demandas, de descubrir áreas de oportunidad y de generar una innovación constante se multiplican con estos datos que fluyen constantemente. Pero de estos temas habrá que ocuparse en otro momento. Por ahora hemos de decir que la industria 4.0 ve a las fábricas no solamente como productoras sino como generadoras de conocimiento que hay que gestionar de manera inteligente y comunicar adecuadamente. ¿Quién sacará mayor provecho de este importante matiz?

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