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Si has seguido los artículos en torno a la identidad digital de las últimas semanas ya tendrás un contexto para saber de lo que trata este tema. De lo contrario te invito a que les des un vistazo para partir de la misma base. Sobre todo saber que cuando hablamos de identidad digital tenemos que considerar esos dos aspectos básicos que son la imagen y las acciones. Algo que aplica también cuando hablamos del ámbito empresarial, pero con una peculiaridad sumamente importante: se trata de construir de cero una persona.

Perdona si tengo que iniciar con un ejercicio de etimología, pero en este caso hay que recordar eso que seguro podrás encontrar una y otra vez: la palabra persona se vincula con la idea de máscara o de personaje teatral por su origen latino y antes por el griego. La ausencia de sofisticados equipos de sonido en los teatros antiguos encontraba en las máscaras una salida al problema de la voz. Ellas permitían que ésta se concentrara en un solo punto, que tuvieran una salida que, además, podía dirigirse.

Así que si pensamos en la construcción de una persona lo que estamos haciendo es construir eso que hará que nuestra voz se escuche de mejor manera. Pero, además de la voz, la máscara expresaba una emoción, por lo que proyectaba también una imagen. No se puede dejar de recalcar la importancia de la congruencia entre esa imagen y el discurso que emana de la máscara, es una cuestión de credibilidad.

La identidad se relaciona con la máscara a través de la cual resuena nuestra voz. - tuitéalo    

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La gran diferencia que nos encontramos, decíamos, es que cuando hacemos esto desde nuestros perfiles personales tenemos detrás toda una historia, una educación, un contexto. Somos el resultado del entramado de estos elementos y de nuestras propias decisiones al interior del mismo. Por eso es sumamente complejo mentir y mantenerse firme a no ser que hablemos de una escisión de la personalidad de niveles patológicos. En el caso de una empresa, entonces, tenemos el privilegio y el reto de modelar a nuestro antojo a la persona. En otras palabras, no tenemos un previo, no hay historia detrás: todo está por construirse. Podemos tomar de aquí y de allá los elementos que nos parezcan los mejores, los que han de hacer crecer a este recién nacido de la mejor manera.

Existe otra posibilidad, a saber, la de tener que descubrir la personalidad de una empresa que ya existía y que ahora se propone entrar al mundo digital. Si es así, lo que tienes que hacer es algo similar a lo que te he sugerido para detectar perfiles falsos: busca en las personas con las que interactúa la empresa. ¿Quiénes son? Dos fundamentalmente: los empleados y los clientes. Sí, aquí tengo que decir que me parece fundamental invertir el orden habitual de las cosas. Cuando hablamos de identidad digital de una empresa es crucial saber cómo ven los empleados a la misma, pues, no se te olvide nunca, son ellos los que interactúan con los clientes.

Las personas no sólo están fuera de la empresa, ve primero a las que tienes dentro y más cerca. - tuitéalo    

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Esa congruencia con la que tanto te fastidio será imposible si no cuidas que la imagen que quieres proyectar coincida con la que tienen quienes trabajan para la empresa. Que el cliente es importante lo sabemos todos, pero el mundo digital demanda rostros y actitudes humanas que no se consiguen si el mensaje que mandas al interior de tu empresa es que las personas sólo se encuentran fuera de las puertas de la misma. La máscara, la persona, es lo que está entre nosotros y el auditorio, así que los primeros a los que tienes que conocer y convencer es precisamente a los que darán la cara por la empresa en todo momento.

¿Convencer? Sí, y vuelvo a la etimología para cerrar este artículo: convencer es vencer con. Se trata de vencer, de mostrar fuerza con argumentos, pero también de invitar a las personas a hacer propia la lucha, de sumar fuerzas para ganar convencimiento. Hablamos de generar una persona o de conocerla, de acercarse a quien convive con ella para delinearla, así que pregúntate cómo sería una persona en la cual confiarías, a la que te acercarías para dialogar o de quien tomarías un consejo. Eso te dará un ideal para trabajar e iniciar a perfilar a la naciente criatura o para salir a preguntar y medir qué tanto te alejas del mismo y qué es lo que hay que hacer para rectificar el camino. En ambos casos hay un elemento central: el código de valores. Pero de eso nos ocuparemos en el siguiente artículo.

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