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Hace un par de días tuve la gran fortuna de escuchar al filósofo Emilio Lledó. Su presentación fue realmente ejemplar ya que el núcleo de su reflexión teórica se concretaba en su charla: hay que cuidar del cuerpo, pero no descuidemos nuestro discurso y el conjunto de valores que están en la base de la cultura y que la hacen posible. Ante un auditorio compuesto por estudiantes del área de la medicina Lledó citaba el libro V de Las leyes de Platón: “En efecto, rondando toda la atención del hombre sobre tres objetos, el tercero y último en que debe fijarse es la riqueza justamente adquirida, siendo el cuerpo el segundo y el alma el primero”.

Ahí donde ahora se lee alma Lledó decía logos, pero más allá de la palabra empleada por Platón nos quedamos con la idea de la escala de lo humano que establece una prioridad en esa dimensión discursiva que constituye su vida anímica para después atender al cuerpo y, finalmente, ocuparse de la riqueza que, subraya Platón, ha sido justamente adquirida. Esto resumiría a la perfección el sentido del paso de una era del marketing a una auténtica era de los contenidos: no se trata de anular la importancia de una justa generación de riqueza, sino de aclarar que la prioridad humana no puede estar ahí sino en una dimensión que da sustento a esta esfera de la cultura donde el valor no es meramente económico.

La era de los contenidos y el poder de la palabra

Al hablar de una era de los contenidos auténtica pretendo señalar la necesidad de hacer de la blogosfera un espacio del ejercicio creativo y humano. La red es un punto de reunión donde damos rostro concreto a lo humano. - tuitéalo     ¿Cómo queremos perfilar esta gran obra? ¿Cuáles son los rasgos que buscamos preservar y destacar? Escribir en la red no puede escapar a la responsabilidad, es decir, quienes nos aventuramos en un blog tomamos también en nuestras manos el cincel con el que se da forma al rostro de la humanidad en el siglo XXI. Es precisamente por eso que creo que vale mucho la pena emprender esta defensa de los valores en los contenidos de la red.

Las palabras y las obras hacen cultura. Por eso en la blogosfera necesitamos responsabilidad. - tuitéalo    

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Podrá verse que esta perspectiva implica asumir una responsabilidad más allá de la que tenemos con respecto a nosotros mismos. En otras palabras, hay que tomar conciencia del poder de la palabra en relación a la comunidad que somos y, sobre todo, con respecto a la que podemos y queremos ser. Los textos son también un legado, una obra que dejamos para el futuro y no solamente una forma de solventar una urgencia en el presente. Con esto quiero decir que es legítimo hacer de los contenidos y de la palabra un modo de sustento, una justa riqueza, pero que no por ello podemos permitir cualquier cosa, que esto no nos exime de una responsabilidad con respecto a esa esfera que va más allá de nuestra existencia individual: la cultura.

¿Qué son entonces los contenidos auténticos?

Este es un tema que seguramente no puede resolverse en unas cuantas líneas, así que hay que tomar esto como una invitación para abrir el debate. Lo primero sería decir que la autenticidad se mediría en relación a una pregunta fundamental: ¿qué aporta tu contenido al ideal de humanidad que eres capaz de imaginar? - tuitéalo     De lo que se trataría, entonces, es de adecuar el ejercicio de escritura a un ideal que busque algo más que un objetivo comercial. Lo diré de nuevo: no se trata de eliminar la posibilidad de generar una justa riqueza, sino de tomarse la molestia de enmarcar esa búsqueda en el contexto de un ideal que quiere dar un nuevo impulso a lo humano en la era digital.

El contenido auténtico es el que se toma la molestia de comprometerse con lo humano. - tuitéalo    

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El contenido auténtico, en consecuencia, es aquel que además de las motivaciones personales asume un compromiso que va más allá de uno mismo, un compromiso con lo humano de hoy y del mañana. Esto es lo único que puede hacer de la blogosfera algo más que una burbuja de las que tanto se habla en la economía de nuestro tiempo. Solamente así se podrá constituir como un verdadero espacio de creatividad, un auténtico laboratorio de posibilidades para la humanidad. La era de los contenidos no se propone la eliminación de posibilidades legítimas, sino la multiplicación de las mismas de manera que ninguna de ellas engulla a las demás.

Bien, ¿cómo me apunto a la era de los contenidos?

Aquí te tengo una buena noticia y una mala. ¿Cuál quieres primero? Como asumo que eres una persona positiva comienzo por ese aspecto: estar en la era de los contenidos es tan sencillo como leer estas líneas y acompañar el viaje de reflexión que te proponen. La buena noticia es que la cosa es realmente sencilla. Esto es lo que corresponde a la parte del lector porque, como sabemos bien, un contenido sin lectores no tiene mucho sentido (aprovecho para agradecerte que le des sentido a este texto). Quien lee, por lo tanto, es parte medular de la era de los contenidos y esto ya tendría que darnos la pauta de lo que nos orienta: nuestros objetivos personales tienen en el otro la medida de su cumplimiento. La blogosfera no puede ser un escaparate de egoísmos. - tuitéalo    

Lectores y creativos conforman la comunidad de la era de los contenidos. - tuitéalo    

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La mala noticia, es que para quien quiere pasar a una fase más activa, es decir, para quien quiere saltar la barrera y ser productor en la era de los contenidos le supondrá un verdadero esfuerzo. Podríamos hacer una entrada del blog con las frases de artistas, inventores y demás creativos que relacionan la inspiración y la transpiración. Lo cierto es que son indisociables: no hay ejercicio creativo sin un esfuerzo y un compromiso. - tuitéalo     Comprometerse implica apostar de antemano por una idea, orientar las fuerzas por un elemento que no necesariamente está ya de manera concreta en el mundo. De ahí que el primer gran esfuerzo que hay que hacer es el de definir este ideal: pensar, debatir y poner en común tu propia filoblogía (la idea que tu blog busca representar). Si desde aquí logras armonizar tus objetivos con la imagen ideal de una mejor humanidad entonces ya tendrás la mitad del camino recorrido. De la otra mitad tendremos que hablar después. ¡Bienvenidas y bienvenidos a la era de los contenidos!

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