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Hace un par de semanas que hicimos por aquí un primer acercamiento a los rasgos que podría tener una era de los contenidos. Se trata, por supuesto, de una dimensión ideal o deseable de lo que puede ser la blogosfera. Ahí veíamos que la atención al logos, el amor a la palabra como le gusta decir a mi querida Bolboreta, es algo fundamental, además del compromiso con los valores. Hablamos mucho del rostro humano que se define en la red y de cómo esto debe orientarnos en el tratamiento que damos a los contenidos. Pero quedó pendiente la parte más del ejercicio creativo con los contenidos por centrarnos más en el horizonte ideal.

Hay que decir, además, que se ha entrometido una interesante línea crítica a través de Byung-Chul Han. Ese pequeño desvío (que lo es sólo en apariencia) era necesario para precisar algunas ideas cruciales para la demarcación del territorio en la red. El ejercicio libre del pensamiento no se emprende en el contexto del mercado. - tuitéalo     Esto es algo que sabemos desde antiguo: el ocio es el suelo fértil de la cultura y es precisamente lo que el mercado niega con el negocio. El negocio es lo que se opone a ese estado que permite la libre creación. Pero ojo que aquí ya decimos algo muy importante: ocio no es igual a inactividad, sino que del ocio nace la cultura.

Los contenidos son de quien los trabaja

En nuestra aventura de búsqueda de un horizonte ideal para la blogosfera ya cerrábamos diciendo que los contenidos implican trabajo y esfuerzo. En otras ocasiones hemos dialogado con mis queridos amigos de Blogramé sobre el trabajo en la estructura, en la manera de escribir mejores textos teniendo como base preguntas concretas y respuestas en esa misma línea. Por eso hoy me interesa más hablar un poco de lo que implica trabajar con el fondo y no tanto con la forma. Ambas son muy importantes, de manera que el equilibrio es el punto ideal que debemos buscar y ejercitar hasta llegar a generar buenos hábitos.

La estructura de un texto es el hogar que construimos para el contenido. - tuitéalo    

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Las cosas importantes de la vida las solemos tener siempre frente a nosotros. - tuitéalo     Por eso son también las primeras que nos pasan desapercibidas: lo que tenemos en la punta de la nariz es tan evidente que se termina haciendo invisible. Si escuchamos y atendemos a la misma palabra contenido descubriríamos que ahí está ya dicho casi todo: el contenido es algo que está completamente dentro de otro algo. Cuando hablamos de estructura de un texto, por tanto, nos referimos al continente que servirá de hogar para el contenido que estará completamente dentro de él. Hay que subrayar una y otra vez la palabra completamente porque eso significa que el contenido es realmente tuyo cuando se trabaja en la construcción de esa guarida u hogar que contiene por completo una idea.

El poder del contenido y la libertad de las ideas

Mira que estamos hablando de estructura y de inmediato invocamos a un sabio que nos propone la fórmula ARC. Víctor Campuzano es sin duda alguien que ha encontrado su propio equilibrio entre la libertad de la escritura y la claridad de la estructura. Lo demuestra en este texto que ahora nos llega como caído del cielo para mostrar la importancia de que la estructura sea un lugar acogedor para la idea que se quiere expresar, esa a la que se le invita a pasar para charlar con ella de cara al público. Sirva esto para decir que la idea de que el contenido está completamente dentro del continente es una forma de poder y de dominio.

Dialogamos con ideas para que el lector se enamore de ellas. Las ideas no nos pertenecen. - tuitéalo    

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No te asustes. Hay que quitar las connotaciones negativas de esta palabra. Un contenido poderoso es un contenido que dominas. - tuitéalo     Es como cuando se dice: se ve que domina el tema. Lo que queremos decir es que le tienes completamente bajo tu techo, que le tuteas como si lo conocieras de toda la vida. Pero hay que tener cuidado de no confundir el domino con la posesión. No porque tengas un pájaro dentro de una jaula le quitas la posibilidad de volar. Las ideas no nos pertenecen, las invitamos a pasar a tomar una taza de té o café para dialogar con ellas, pero como buenas coquetas que son se van en cuanto el amable lector les hace un guiño enamorándose de ellas.

Trabajo contento, lector satisfecho

Comenzamos entonces por la estructura: arreglamos la casa, ponemos todo en orden eligiendo colores, asientos y lo que vamos a ofrecer como menú del día. Lo que tenemos que hacer después es demorarnos en la investigación, en el acopio de datos y puntos de vista sobre un tema para poder dialogar de verdad con nuestra idea invitada. Hay que tomarse la molestia de conocer más sobre ella antes de que cruce la puerta. Sólo así podremos tenerla completamente dentro de casa, es decir, podremos darle su justa dimensión para que el continente se ajuste al contenido. Esto explica mejor esa relación entre el trabajo y la inspiración que hay en toda labor creativa.

La demora en los contenidos contentos enamora a quien los lee. - tuitéalo    

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La expresión “contenidos contentos”, si me sigues hasta aquí, es casi un pleonasmo. El contenido es lo que está contento, es decir, lo que se basta y es suficiente. Buscamos entonces la suficiencia, no nos contentamos con una mera opinión sino que el verdadero contenido es el que se muestra completo, el que logra presentarse en todas sus dimensiones aunque no se hable directamente de ellas. Realizar contenidos no implica escribir una memoria de investigación en cada artículo, pero tampoco es suficiente con sentarse a escribir chorrocientas palabras. La suficiencia no es exhaustiva, privilegia lo esencial para que el lector siga el camino y ayude a completar el tema. Cuando estamos ante “contenidos contentos” el lector queda satisfecho y piensa en volver por más una vez que se ha digerido el diálogo. ¿Quieres tratar bien a tus contenidos? Demórate en conocerlos mejor para que tu diálogo con ellos enamore al lector.

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