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Desde hace unos días que mi buen amigo Jerby hace hincapié en la noción de conexión como una que resulta determinante para la red. Sus comentarios son siempre oportunos y destacan elementos centrales de los textos que pasan por sus ojos, así que no podía hacer menos que tener sus consideraciones rondando en la cabeza. Eso me llevó a pensar que si bien es indudable y evidente que la conexión es parte intrínseca de la red sería un error dar por sentado que todo mundo tiene la misma idea cuando se enfrenta a este concepto. ¿Qué puede significar entonces el estar conectado en este mundo digital?

Lo primero, como siempre, es prestarle atención a la palabra misma. La conexión implica dos ideas fundamentales: el conjunto o lo común y el vínculo, la atadura o, dicho en términos de este contexto, el enlace. Cuando hablamos de conexión encontramos entonces la imagen de una puesta en común de enlaces o vínculos. Poner en común puede entenderse como una forma de construcción, un modo de operar para dar a luz algo nuevo. La conexión puede ser un modo de enfrentar el mundo y de hacer mundo. - tuitéalo     Si la primera parte de la palabra, el conjunto, se lee como un método la segunda bien podría ser la materia prima con la que trabaja esta manera de andar haciendo mundo.

Conexión como método en el mundo

Especifiquemos un poco más este sentido de la conexión. Poner en común implica un movimiento de la voluntad para avanzar en un sentido determinado. Las cosas no se reúnen en un conjunto de manera espontánea. Existen las afinidades, magnetismos que parecen mantener las cosas en su sitio de manera espontánea. Pero en el terreno de lo humano hace falta algo tan sencillo como una pregunta para que esa acción magnética sea puesta en entredicho. Su fragilidad salta a la vista en cuanto le prestamos atención y con ello se vuelve evidente la energía que ponemos en ello.

Al hacer visible los espontáneo muestra su mágica fragilidad.  - tuitéalo    

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La conexión, por tanto, puede darse de manera más o menos espontánea y fortuita, pero es nuestra decisión mantenerla activa. Conectar se convierte entonces en una manera de enfrentar el día a día. Tenemos cientos de encuentros a diario, pero eso no significa que estemos en conexión en cada uno de los casos. Es ahí donde decidimos poner más atención, más empeño y constancia donde comenzamos a conectar generando una línea más en el entramado del conjunto social. La conexión como método implica tirar un cable al otro y mantener viva la corriente que lo alimenta. En el mundo digital, como en la vida diaria, no se debe confundir el encuentro con la conexión.

El enlace y el bolso de las maravillas

Claro que al decidir emprender una conexión no se hace simplemente en el vacío. Cuando hablamos de un enlace hay dos elementos que se conectan. Algo se engancha a algo y en el medio hay un material que hay que considerar. Estaremos de acuerdo en que no es lo mismo un enlace hecho de un fino hilo de seda que el de una cuerda robusta. ¿Qué usamos entonces para realizar la conexión? Eso depende más de cada uno de nosotros. Lo que aportamos en la conexión bien puede ser una señal clara y constante o una intermitente y llena de ruidos. La fortaleza del enlace será mayor en la medida en que la afinidad entre los conectados sea real.

Nuestro particular bolso de las maravillas nos ayuda a construir la conexión. - tuitéalo    

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Todos llevamos con nosotros un bolso lleno de experiencias al que podemos llamar el bolso de las maravillas. Esas experiencias determinan nuestro andar y son precisamente el material con el que vamos a construir nuestras conexiones. Animarse a abrir el bolso para probar con nuevos materiales es indispensable para poder encontrar aquel que nos va mejor para establecer mejores conexiones. Es eso precisamente lo que aportamos a la conexión. Funciona un poco como aquella historia de los dos lobos que habitan dentro de nosotros: uno representa los valores negativos y otro los positivos, al final se impone aquel al que decidimos alimentar. El enlace, por tanto, se compone de aquello que ponemos, pero también de lo que el otro pone ahí. El enlace no es ya solamente mí enlace, sino algo nuestro que por tanto abre una nueva dimensión.

Desconexión en el mundo digital

Es un lugar común el hablar de lo solitarios que estamos en la era de las redes. No podemos dejar de considerar esta paradoja, pero creo que habría que considerarla desde otra perspectiva. Las redes nos permiten tener de manera visible nuestras conexiones. - tuitéalo    De pronto hemos sabido que nuestros amigos, aquellos con los que tenemos una conexión viva y constante, se contaban de manera muy sencilla. Los grandes números de amigos y seguidores no representan la densidad de nuestras conexiones. Son más bien un indicador que suma la auténtica conexión con los encuentros que tienen un aroma a enlace, que son conexiones en potencia. Quien confunde este indicador con su número real de conexiones entra entonces en una ficción que tarde o temprano colisiona con el mundo más allá de lo digital. Dicho de otra manera, el indicador digital tarde o temprano echará de menos estrechar una mano, entrelazar los dedos con otro y sentir materializada ahí la conexión.

Confundir las conexiones en potencia con la realidad es la puerta a la pesadilla de la soledad. - tuitéalo    

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No es de extrañar entonces la desconexión a la que nos enfrentamos. Construimos una gran esfera de encuentros y nos embriagamos con el aroma de su potencialidad, pero perdemos de vista el esfuerzo necesario, la dimensión metódica de la conexión. No tener claro que las redes nos brindan la posibilidad de ver materialmente nuestras conexiones reales y posibles pero que no las llevan al acto ni las alimentan es irse encerrando en una auténtica pesadilla. Esto es igual a despertar en medio de un bullicio pero no poder encontrar nunca la multitud que lo provoca. La conexión, por tanto, dista mucho de ser un mero número. Mantener esto siempre presente es vital para usuarios de las redes, pero también para quien no se explica porque no consigue conectar con su auditorio en esa infinidad de campañas de marketing que se lanzan a diario.

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