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Por más tecnología que encontremos en nuestro entorno, por más sofisticado que sea el dispositivo en el que estés leyendo esto, sin estas manos que escriben y esos ojos que me acompañan con la lectura no habría aquí ninguna historia por contar. Olvidar este detalle tan obvio es precisamente lo que propicia la aparición de las burbujas 2.0. Reducir las cosas a número de caracteres, volumen de tráfico o cualquier otra métrica es igual a perder de vista el sentido mismo de un servicio que tiene uno de sus pilares en la comunicación con el otro real y concreto. Todos quieren replicar el modelo de Google pensando que es suficiente con estar en la red para que la magia del gigante de las búsquedas tome posesión de cada área de la propia empresa. Por eso he de decir que, de no volver la vista hacia lo humano, tarde o temprano las profecías de una nueva burbuja financiera se harán realidad.

Trataré aquí de mostrar y justificar de la mejor manera posible lo que esta breve introducción anuncia. Habría que comenzar por quitar del camino un poco de ingenuidad: la red está dominada por las mismas presiones que el mundo que llamamos real. - tuitéalo     Hay dos tipos de corrientes que pueden cambiar el equilibro del mundo: las marítimas y la de los grandes capitales. El flujo del dinero marca el ritmo de las estaciones en una sociedad que hace mucho se acostumbró a ver en la acumulación el más natural de los fenómenos. No estamos tan lejos de aquellos que veían en la naturaleza un espejo para lo humano, pero hemos olvidado esa íntima conexión pensando que palabras como ciclo, depresión o volumen responden al ámbito de lo económico de manera exclusiva. Las empresas que nacen en la red, nuevo macroespacio de intercambio, no solamente no escapan a esta trampa, sino que pueden hacer la confusión incluso más profunda.

Burbujas 2.0, mucho volumen de jabón

Pongamos como escenario imaginario un río. Se trata de un elemento natural que sabemos que atrae a las civilizaciones: los pueblos humanos suelen comenzar su desarrollo acercándose a las fuentes de agua. Todo funciona de maravilla mientras la cantidad de personas que dependen de ese río están dentro de un margen razonable para no exceder las capacidades del mismo. Dos cosas aparecen aquí como acciones imprudentes: hacer crecer la población como si estuviéramos ante una fuente inagotable y establecer las viviendas lo más cerca del río que se pueda. Lo primero, evidentemente, nos lleva a descubrir que nada es para siempre. Lo segundo nos pone en riesgo porque cuando el río aumenta su volumen puede salir de sus márgenes sin importarle mucho lo que esté en la orilla.

Crecer como la espuma en contenidos no es necesariamente una buena señal en el mundo 2.0. - tuitéalo    

Tomamos entonces la idea de volumen de este contexto tan claro y la aplicamos al mundo del 2.0. Pensemos que el río de Internet tiene lindos pescados que navegan en las aguas del contenido. Muchas empresas de la red se instalan cómodamente en las orillas pensando que la mejor manera de pescar es aumentando el volumen de contenido como si eso hiciera que los peces les cayeran en las manos inevitablemente. Google entendió que el verdadero negocio estaba en afinar las cañas de tal manera que se ajustaran exactamente a lo que el pez busca o necesita. Cada pececillo que se acerca a su orilla encuentra un caudal agradable y no un torrente indefinido que le tira para atrás. Generar contenidos sin el usuario en mente es como tirar jabón a un río y provocar un desbordamiento después para deshacerse de la espuma. ¿Qué pasará entonces con las empresas que estaban en la orilla?

No todo lo que brilla es Google

Bien sabemos que los temidos animalitos de Google, el panda y el pingüino, son precisamente los elementos con los que el gigante de las búsquedas cuida su negocio. Son filtros que se convierten en la obsesión de quien se dedica al SEO. Gracias a ellos los torrentes de contenidos se moderan si quieren estar al alcance de los peces hambrientos de información. Esto puede ser más o menos justo, pero lo cierto es que se lo toman muy en serio al momento de ofrecer resultados relevantes para los usuarios. De esto depende el éxito del negocio de Internet: buenas respuestas en el menor tiempo posible. - tuitéalo     Pero para llegar a ello se necesita algo más que un algoritmo, a saber, el trabajo del curador de contenidos que cuida el fondo mientras Google se preocupa por la forma.

La relevancia se gana poniendo atención en las palabras que se ofrecen al usuario. - tuitéalo    

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Cuando en posicionamiento se habla de naturalidad no deberíamos pensar en el ejercicio que un pintor amateur hace intentando que su cuadro se asemeje a la naturaleza, es decir, no se trata de una técnica sino de que acontezca algo de manera espontánea. La relevancia se gana con mucho esfuerzo, poniendo atención en las palabras que se ofrecen al usuario. Incluso habría que pensar que sin la escucha de la demanda del usuario poco se podrá ganar ofreciendo un volumen de contenidos en constante crecimiento. Antes que los lineamientos de Google está el respeto por un texto con sentido y la escucha de las necesidades concretas del otro. De otra manera iniciamos construyendo la casa por el tejado.

Lo que realmente importa

Muchas veces he escuchado la siguiente frase: lo que importa es crecer en volumen. Número de palabras dentro de un artículo, número de enlaces, número de artículos… los números no dejan de aparecer hasta que lo nublan todo. No puede olvidarse que la descripción numérica es de un alto grado de abstracción. Suponer que guiarse por ellos es tanto como caminar sobre una red de seguridad es perder de vista el mundo con sus múltiples matices. Al cuatro se puede llegar de muchas maneras, pero en el mundo real, el de los rostros humanos, no es lo mismo sumar unidades que dividir entre dos. Generar contenidos bajo el mandato de los números lleva a multiplicar los errores. El volumen se consigue, pero por acumulación de yerros que terminarán llegando hasta el usuario. Es ahí donde está la clave para evitar generar una burbuja que estalla de tanto crecer.

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